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Infiniti Red Bull F1 toma el Zócalo en la Ciudad de México

Desde hace 23 años cuando se corrió el último GP de México y después del último Road Show que otra marca realizó en monumental avenida Reforma de la Ciudad de México hace aproximadamente 6 años, ningún auto de Formula 1 había vuelto a correr y sonar en la ciudad más grande del mundo. Nuestra jornada comenzó desde muy temprana hora, con un ameno desayuno en el Infiniti Center de Polanco para conocer a la joven promesa de la escudería Infiniti Red Bull, Daniel Ricciardo, quien se mostró contento y relajado por estar en México en este previo al gran premio que se realizará en noviembre. Ricciardo comentó sus impresiones sobre el momento actual en la F1, confesó que extraña el escalofriante sonido de los motores V8, también compartió sus preferencias automotrices e incluso bromeó acerca del atuendo que piensa utilizar para el gran premio de México.

Como almuerzo de medio día, nos esperaba en el Zócalo Capitalino un buffet que consistió de un par de RB9 de la escudería Infiniti Red Bull, olor a caucho quemado y el cautivador sonido que producen los motores V8 de los monoplaza. A la fiesta también se unió el otro integrante del equipo, el español Carlos Saiz Jr. quien comenzó la ronda de pasadas alrededor de la monumental plancha central y 20 de noviembre.

Tanto Ricciardo como Sainz, completaron sus rondas en los monoplazas, además de realizar un par de hot laps a bordo de dos Infiniti Q50. También estuvo presente el Club Renault con algunos modelos clásicos como el Gordini, Alpine y algunos descapotables. Una camioneta, participante de la emblemática carrera de la Baja 1000 también se hizo presente y se vio involucrada en una persecución junto a los dos monoplazas, aderezando a un más el espectáculo que para entonces estaba a punto de llegar a su final, pero los autos no podían irse de México sin dejar su marca personal y para ello, tanto Sainz como Ricciardo deleitaron a los asistentes realizando las tradicionales donas frente a palacio nacional, catedral y edificio de gobierno donde cerraron hondeando la bandera nacional en medio del humo ocasionado.

Un evento que ayuda a la gente a dimensionar que es y como se puede vivir la Fórmula uno donde quiera que se presente. Para los que nos dedicamos a comunicar lo que sucede en esta industria, fue un privilegio volver a estar tan cerca de los pilotos y los autos, ver a la gente gritar y emocionarse, así como sentir la adrenalina que todo esto genera, sin embargo, es importante aclarar que el próximo noviembre, cuando el Gran Premio de México, las cosas será muy distintas, comenzando por los autos que no sonarán ni siquiera parecidos a los que vimos el fin de semana, tampoco habrá lugares o entradas gratis (ojalá) como en otros circuitos del mundo tales como Australia, Bélgica, E.U.A o Canadá, sin olvidar nuestra mayor preocupación hasta el día de hoy: la logística del evento y la calidad del remodelado Autódromo Hermanos Rodríguez.

 

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